dissabte, 6 d’abril de 2013

Tembleque de sacristía

Se mueve silenciosamente, como una gata preñada, y habla susurrando trémulos bemoles (...). Su estilo, tanto físico como verbal, es engolado, eclesiástico, pretencioso y pelma, pegajoso y lacrimoso.
Considerada en sí misma como una de las formas de aburrimiento intelectual más típicamente catalanas que se conocen -junto con las novelas de Baltasar Porcel, los discursos de Jordi Pujol y los programas de TVE desde Sant Cugat-, es una voz de beata capaz de matar de aburrimiento al más pintado. Suena un tembleque de sacristía en la garganta, una solemne idea de sí mismo. Tiene, a ratos, una sonrisa pícara no desprovista de encanto.
El estilo cabra de su arte revela una falta de pudor y un desmadre emocional que supera al de cualquier cantante de boleros de los de antes. Siempre, al atacar ciertas estrofas, le da el tembleque y precisamente ahí es donde más le aplauden. Misterios del vibrato y del nacionalismo ampurdanés".

Juan Marsé. Lluís Llach, Señoras y señores. (1988).

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