dissabte, 4 d’agost de 2018

El Andrajo

El Andrajo era un tipo chiquitín, esmirriado, canijo, anguloso, feo, cenceño, pero educado, también simpático y, sobre todo, gracioso, que decía la gente.
Su educación era tanta que él no entraba en ninguna parte sin quitarse antes la boina y preguntar:
-¿Da usted permiso?
Y se lo dieran o no se lo dieran, adelante.
Tenía las facciones asimétricas. Un ojo más alto que el otro; cuando cerraba uno de los ojos, el otro lo abría; diverso número de arrugas en cada lado de la cara... Estaba tan delgado que el pantalón le formaba una bolsa en el culo. Llevaba dentadura postiza.
Estaba casado con la Juanuca, una mujer mayor que él, muy buena y muy enamorada, que lo quería mucho. Tenían una hija, la Juana. El Andrajo nunca anduvo bien de salud. De un tiempo acá se ahogaba al andar, enflaquecía todavía más y caminaba como escorado.
Al Andrajo lo llamaban Andrajo porque cuando niño su madre lo envolvía en andrajos.
Alguna vez, pocas, y para olvidar que estaba enfermo, que no trabajaba, que era feo y se había criado entre harapos, se emborrachaba.


Paco Candel, ¡Dios, la que se armó!.

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