dimecres, 8 de setembre de 2010

Cómo apestan los recuerdos

-Me desperté sudando, con un presentimiento raro, y por todo el piso había un hedor asqueroso a plástico quemado. Me levanté pensando que se había declarado un incendio... La sala estaba llena de humo, y él, desnudo, estaba echando cosas al fuego. Como nunca encendemos la chimenea, el tiro fallaba y allí no se podía respirar. Hugo estaba quemando los álbumes de fotos. Los álbumes de tela y de terciopelo que heredó de sus padres, y las cintas de vídeo de las vacaciones.

"Pero qué estás haciendo, cariño", dijo Lidia.
El hedor insoportable y su marido desnudo, silueteado en humo rojo, arrojando fotos a las llamas como cartas sobre la mesa. A Lidia la escena le pareció pavorosa.

"Quemando", respondió él con una risita. "Borrando pistas. Soldando lastre. Noche de saneamiento general. Se guarda todo o nada. Pero no se puede guardar todo. Fíjate cómo apestan los recuerdos."

Ignacio Vidal-Folch, Amigos que no he vuelto a ver.

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