dilluns, 27 de setembre de 2010

Vagina dentata organ

Por el nombre ya pueden imaginar que Vagina Dentata Organ no suenan como los Escolanets de Montserrat: sus discos son como objetos encontrados, pero hechos no-música, cargados de simbolismo, cantos a la muerte y el sexo de pesadilla. En Music for the hashishins se oyen únicamente los gruñidos y ladridos de un perro entrenado para matar. The last supper; the reverend Jim Jones in person es una grabación de los últimos momentos del escagarrinante sacrificio ritual de 912 personas en Jonestown, Guayana, 1978, en el último rito suicida de la secta People´s Temple. El disco incluye fotos macabras del momento, para aquellos de ustedes con estómagos acerados. Y The pagan drums of Calanda registra la fiesta de los tambores de dicho pueblo español, en la que dos mil personas aporrean extáticamente instrumentos de percusión durante dos días enteros. Para aquellos de ustedes sin problemas de cefalea. El disco, además, se vendía a cien dólares de la época e incluía sangre encapsulada del artista (una ganga, si me preguntan).



Pero Valls, ese iconoclasta nihilsurrealista y peleón, sólo consiguió ser auténticamente célebre en nuestro país cuando Vagina Dentata Organ realizaron la performance televisiva de 1984 en La edad de oro que provocó el cierre forzoso de aquel programa. Algunos de ustedes, encanecidos prematuramente por dicho visionado, quizás todavía hablen de ello en frías noches de invierno: allí estaba nuestro hombre, encapuchado y rodeado de nerviosísimos pastores alemanes, agrediendo con una katana japonesa los lienzos del pintor Casademont (valorados en seis millones de pesetas de entonces), que - gracias a bolsas de sangre camufladas-explotaban al contacto como cráneos ametrallados. La performance ponía punto final a una actuación de Psychic TV - Valls era miembro del grupo-que vino acompañada por el clásico vídeo Catalan de Derek Jarman, Genesis P. Orridge y Jordi Valls, un clip que surreo-relata el accidente de tráfico casi mortal que había sufrido Valls recientemente, y presenta (entre muchas cosas ofensivas): unos nazarenos portando a la Moreneta, niños muertos, el coche (auténtico) donde Valls de poco la espicha, Dalíconografía catalano-macabra, profanidad y profanación en pantalones de cuero, y una música tan angustiante que a su lado la banda sonora de La semilla del diablo parece una polca. Pueden verlo en YouTube, si se atreven.



Kiko Amat, La Vanguardia, Casetes de un punk catalán.

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