dijous, 17 de setembre de 2009

Hay que subirlo y ejecutarlo

"El confucianismo, el taoísmo y el budismo son como tres tiendas en cuya entrada hay colgadas tres pizarras, pero que venden las mismas cosas: leña, arroz, aceite, sal. La tienda del confucianismo es tirando a grande, mientras que las del budismo y el taoísmo son más pequeñas. Pero de nada falta en ninguna de las tres... Las escuelas de pensamiento tienen dos capas, una exterior y una interior. La interior es común a todas; la exterior es la que marca las diferencias. Por ejemplo, los bonzos budistas van con la cabeza rapada mientras que los monjes taoístas se hacen un moño en la coronilla. Esa diferencia salta a la vista y la gente puede saber entonces si está ante un budista o un taoísta...

Las tres mueven a la gente al bien y atraen a los hombres hacia la justicia y el bien común. Si todo el mundo amase el bien común, habría paz y orden en el mundo; en cuanto la gente sólo busca su beneficio privado, campea el desorden por el mundo. El confucianismo es único en llevar hasta el extremo el amor por la justicia y el bien común. Pero mire que Confucio elogió sin tregua a aquellos herejes a su doctrina con que topó... Ahí radica su justicia y su grandeza; no en vano decía: "Es perjudicial atacar a las doctrinas heterodoxas." Por su parte, el budismo y el taoísmo tienen más mezquinas intenciones: como temen que las generaciones venideras no sigan sus enseñanzas, se dedican a meter miedo a la gente a base de hablar del paraíso y del infierno. Cierto es que no dejan de mover a los hombres al bien y de guiarles hacia la justicia y el bien común, mas, al procurar conseguir dicho fin, dicen que basta con creer en sus doctrinas para que desaparezcan todas las faltas que uno haya cometido y que quien no crea en ellas se irá derecho al palacio de los espíritus sufrientes y que, al morir, bajará inevitablemente a las prisiones subterráneas en espera de juicio; y esto, si no es buscar solamente el beneficio privado, ¿qué es? De todas formas, si miramos las religiones extranjeras veremos que tienen aún más acentuado el ánimo de resolver diferencias en la fe por medio de la guerra, matando hombres como quien siega juncos. Y yo pregunto: ¿era la meta originaria de sus religiones? En esto son las más mezquinas. El islam, por ejemplo, dice que las gotas de sangre derramadas en la guerra santa son tan valiosas como el jade rojo. ¡Qué manera de engañar a la gente!

La pena es que, con el tiempo, el confucianismo se haya alejado de sus raíces. Los confucianos de la dinastía Han se alejaron de la idea central por aferrarse mucho a las letras. Luego, en la dinastía Tang, el confucianismo cayó en el olvido. ¡Y después vino ese Hang Changli, que entendería las palabras pero no su sentido profundo, que no ha dicho más que tonterías y absurdidades y que, encima, se atrevió a escribir Los orígenes de la doctrina, donde no hace más que decirlo todo al revés de como era originalmente! Por ejemplo, dijo que "si los monarcas no dan órdenes, entonces pierden su fuerza de monarcas. Cuando el pueblo no dé grano, arroz, seda y esparto, hay que subirlo y ejecutarlo..." ¿No estaba entonces justamente lo contrario de la doctrina original?"



*(nota del Iceberg: este texto, del 1903, debería ser fundamental para orientar a China hacia el futuro)





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