dissabte, 8 de gener de 2011

Más duro que el caso Millet

Se define solo como "un chico de Sarrià" y afirma que no hace juicios morales, pero precisamente porque cuestiona a la burguesía catalana "desde dentro", el debut literario del periodista Cristian Segura (Barcelona, 1978), El cau del conill, amén de obtener anteayer el el 43º Premio Josep Pla de Editorial Destino, promete más de un escozor. Porque las peripecias de Conill, prohombre de la burguesía barcelonesa, para salvar su empresa de larga tradición familiar no deja de ser "el retrato de la deserción, pérdida, relativismo o escepticismo de la burguesía catalana ante su liderazgo social".
En la novela, ambientada en 2007, Conill aparece como "un votante de CiU, fiel al pinyol: su club de tenis, su tribuna en el Barça, su vermut en la zona alta y esa mentalidad cerrada que le impide asumir la expansión de la clase media". Él es la punta del iceberg de una gente "más fiel a su empresa que a su tierra y que durante 40 años ha recibido más que ha dado".

Segura cree que esa deserción de las clases pudientes a unos valores idiosincrásicos del catalán y a una responsabilidad común se arrastran desde el franquismo, cuando la burguesía "olvidó cualquier valor moral con tal de mantener su estatus y su empresa; una guerra civil es más compleja que algo como el nazismo", intenta suavizar. Y es que el joven periodista, hoy en el diario ARA, empieza a temer consecuencias de su novela. "No es antiburguesa: servirá para ver si tenemos capacidad de autocrítica o si aún estamos inmaduros políticamente".

En cualquier caso, El cau del conill saldrá en momentos deprimentes para la sociedad catalana, con episodios como el saqueo del Palau de la Música por Fèlix Millet. "En parte sí simboliza la degradación de la burguesía, pero esas cosas ya se hacían en los años treinta y en los cincuenta; mi libro es más fuerte que el caso Millet porque dirijo el punyalet contra todos; claro que, como decía un amigo: "No te preocupes porque la mayoría de los aludidos no leen en catalán". Y corre a aclarar: "No toda la burguesía es así: ahí están los Godia, Vila-Casas, Rodés o Carulla financiando cosas; igual con la crisis tocamos fondo y se mejora".

El ruido de la obra viene dado en parte porque no hay una gran bibliografía sobre el tema. "A la burguesía catalana le cuesta dar la cara", resume Segura, que para ubicar cita L'auca del senyor Esteve, de Santiago Rusiñol, y Vida Privada, de Josep Maria de Sagarra, como referentes. Y tres películas: La escopeta nacional ("por el servilismo del emprendedor catalán"); American Beauty ("por las miserias de una clase media que no sabe qué hacer con su vida") y La mosquitera ("por su fidelidad a la realidad, con gente hablando en castellano y catalán según si están en público o en privado"). Como lector, admira a Juan Marsé ("ha retratado a la burguesía barcelonesa, pero desde fuera"), Empar Moliner, Ignacio Vidal-Folch y Màrius Sampere ("por su mirada metafísica del mundo").

Estudiante a distancia de filosofía ("me ayuda a ordenar mis preguntas") en la Universidad de Londres, Segura ha pasado años en Berlín y China. "¿Algo que exportar?" "De Berlín, Hamburgo y países como Suiza y Austria, la necesidad de proteger el bien público y el nivel cultural de sus élites; las nuestras lo han perdido: están con el Barça y las peliculitas del Cinesa Diagonal". ¿Y de China? "Adaptarse a lo que hay". ¿Todo para modernizar la provinciana Barcelona? "Lo es tanto como Madrid o Berlín; hay muchos extranjeros que viven y estudian en catalán y castellano sin problema. Pero bueno, no soy nacionalista; no quiero estadios nación, sería más partidario de crear una especie de Liga Hanseática. Solo soy un chico de Barcelona". A ver qué dicen en el barrio.

Carles Geli, El País. Mi novela es más dura que el caso Millet.

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