dissabte, 3 de juliol de 2010

Al fútbol con el tricornio

El Oráculo de Dongcheng está abrumado. Ha recibido numerosas críticas por proyecciones supuestamente equivocadas. Parece ser que más de uno ha perdido una millonada en apuestas que seguían mis visiones a pie juntillas.

¿Y qué culpa tiene el Oráculo si sólo los Dioses son perfectos?

Dos son las decepciones que ha sufrido el Oráculo en esta Copa del Mundo de chichinabo:

Inglaterra. De hecho es un medio error porque fueron previsiones previas al torneo. Al segundo partido, mi juego de huesos de serpiente ya marcaba un futuro negro para los ingleses.

Japón. Esto sí que duele. Una vergüenza. Las cartas me indicaban claramente que Japón llegaría a semifinales. Pero no, perdieron en los penalties en un partido de cobardes. El partido más lamentable del campeonato. En definitiva, yo y el pueblo japonés no esperamos menos del equipo que se inmole en los parques del Palacio Imperial de Tokio.

Más allá de estos dos errores, las virtudes del Oráculo como visionario del fútbol son innegables.

Holanda.
Lo anticipé durante la fase de grupos: Holanda llegaría a la final. Es el equipo más competente que he visto para un torneo como un mundial. Al margen de Messi, ser de otro planeta, Robben y Sneijder son sin lugar a dudas los jugadores del campeonato.
A Holanda sólo le falla el delantero centro. Tanto Van Persie como Huntelaar son jugadores de nivel para la liga holandesa o, como mucho, para mi Espanyol.

España.
Advertí que en unos octavos contra Portugal, España ganaría. Si España juega en adelante como lo hizo en la segunda parte contra Portugal, estará en la final.
Por desgracia no soy maestro en el arte del vudú.

Lo único que celebro de España es que ha sido, junto a Corea del Norte, la selección menos sucia del Mundial.

Holanda realizó la buena obra del Mundial al eliminar a Eslovaquia en octavos. Eslovaquia ha participado con una alineación de macarras como yo no había visto. Para empezar, su jugador emblema, Mark Hamsik, milita en el Nápoles, ciudad agujero negro de Europa. Los eslovacos eran una amalgama de despojos de la generación Ni- Ni de la Europa del Este: cabezas rapadas, tatuajes del World of Warcraft, pelo pincho y mucha leña. Una panda de delincuentes juveniles. Yo me los imagino borrachos, dando palizas en las estaciones de tren de la periferia de Bratislava.
Por suerte para la mayoría de ellos, para ser futbolista no hay que aprobar ningún examen psicotécnico.

Pongamos como ejemplo la expulsión ayer del brasileño Felipe Melo. Con el marcador en contra, a falta de diez minutos para que acabe el partido, Melo decidió marcarse un zapateado sobre Robben. El delantero holandés, en el suelo, agarra la pelota porque el árbitro ha señalado falta. Lo más inteligente que se le ocurre a Melo es pisar tres veces a Robbne, ¡y con el árbitro delante!
No nos extrañemos si algún día acaba como Ministro de Cultura.

Alemania-Argentina.
El Oráculo no ve favorito a ninguno de los dos equipos. La bola de cristal muestra un escenario incierto.
El punto débil de Argentina es una defensa que a veces parece de alevines.
El punto débil de Alemania es que sus jugadores estrella, Schweini, Klose y Podolski, tienen el cerebro de un niño de P2. Si a Podolski se le cruzan los cables, algo habitual, Alemania volverá hoy a casa.

España- Paraguay.
Que los Dioses se apiaden de los paraguayos. Vaticino una carnicería. Las hordas hispánicas pueden prepararse para una noche de coros guturales, toritos y tricornios.

Así viví yo el España-Portugal. Con los tricornios incluidos. Al Oráculo le salieron sarpullidos y se acordó mucho de Paco Ibáñez.
...

En conclusión:
Quien ha visto mucho fútbol en su vida, quien sigue las ligas europeas con regularidad, no puede si no admitir que este Mundial es una mierda.

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