dilluns, 12 de juliol de 2010

¡Feliz España!

"Si Roma vivía contenta con pan y circenses, Barcelona y Madrid viven contentos con pan y fútbol. Los tétricos ingleses, los franceses voltarios pasan los días y las noches en el estudio ímprobo y las peligrosas disputas de la política y, apenas después de muchos meses de diferencias y contrariedades, acuerdan una ley: los festivos españoles los pasan entre el agradable ocio y las deliciosas funciones, y en un instante se hallan con mil leyes acordadas sin contrariedades de ninguno: aquellos han llegado a contraer un paladar tan delicado y melindroso que se les hacen duras las natillas, y estos acostumbrados a tragarse sin sentir los abrojos: aquéllos son como las abejas que se alborotan y pican si se les quiere quitar la miel, éstos son como las ovejas que, sufridas, aguantan que las trasquilen y aún que las maten: éstos hartos con su pobreza y escasez, se entregan a la holgazanería e inacción; aquellos, idólatras de la libertad, tienen por pecado el eslabón de la servidumbre; éstos, arrastrando las cadenas de la servidumbre, siquiera no conocen el ídolo de la libertad: aquéllos escasean los premios hasta la virtud, éstos prodigan las recompensas hasta el vicio: entre aquéllos un noble, un héroe es rara producción de la naturaleza, entre nosotros se crían como las cebollas y los puerros la nobleza y la heroicidad.

¡Feliz España! Que así consigues distinguirte de todas las naciones del mundo, feliz tú que, cerrando las orejas a las cabilaciones de los filósofos, sólo las abres a las falsas doctrinas de los sofistas. Feliz tú que, contenta con tu estado, no envidias el ajeno, y acostumbrada a no gobernar a nadie, obedeces a todos. Feliz tú que sabes conocer la preciosidad de un gol, prefiriéndolo al mérito y a la virtud. Feliz tú que has sabido descubrir que la virtud y el mérito está vinculado en los hidalgos, y que es imposible encontrarlos en quien no haya tenido un abuela con D. ... Sigue, sigue esta divina ilustración que lo es de la verdad y la prosperidad, para ser como eres el non plus ultra del fanatismo de los siglos; desprecia como hasta aquí las hablillas de los extranjeros envidiosos, abomina sus máximas turbulentas, condena sus opiniones, prohibe sus libros que no han pasado por la tabla santa, y duerme descansada al agradable arrullo de los silbidos con que se mofan de ti.


Haya pan y haya fútbol, y más que no haya otra cosa: Gobierno ilustrado: pan y fútbol pide el pueblo, pan y fútbol es la comidilla de España, pan y fútbol debéis proporcionarle para hacer en lo demás cuanto se te antoje in secula seculorum, amén."

León de Arroyal, Haya pan y haya toros (adaptado a los tiempos modernos).

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